martes, 24 de diciembre de 2013

Nórdico

No sé quién me decía hace poco que el truco de los edredones nórdicos para ser tan agradables es que el calor no lo ponen ellos, lo pones tú y ellos lo conservan. Esto lo saben los patos y bichos con plumas (como los edredones), los osos y bichos con pelo (como yo), etcétera.

Hay algo más agradable que el calor de uno mismo dentro de un nórdico, el calor de Marta (cuando me acuesto 10 minutos más tarde que ella, cuando se levanta y me paso a su lado...). Y hay más sitios más allá de los edredones donde encuentro el calor de Marta: los billetes del tren ya en la maleta para que no se olviden, la memoria increíble para las cosas que a mí se me olvidan (las llaves de la casa de Guada, el paraguas en la barra del bar, llama a tu hermana que hoy le hacían la eco).

No hay comentarios:

Publicar un comentario